lunes, 23 de abril de 2012

El tipo del psiquiátrico V




 Martínez no se molestó en explicarle su contenido y pasó con rapidez a realizar su trabajo.
 Antes de empezar, quiero hacerle unas preguntas. 
— ¿Qué quiere saber? —preguntó la pelirroja y encendió un cigarrillo.
—¿Su cuñado estaba triste o deprimido últimamente? 
Ella contestó negativamente con un gesto de la cabeza, durante un instante dudó y al final añadió:
—Tarde o temprano averiguará que nos llevábamos mal y no sé sí tenía depresión.
—¿Qué diferencias tenían?
—¡Diferencias! —exclamó y apagó con rabia su cigarrillo en un cenicero de metal— ¡No me joda! Con él no había diferencias solo es que no congeniábamos. Era un cobarde, no sabía vivir.
—¿Y eso en que le afectaba?
—A mí, en nada —guardó silencio y no dijo nada más.
Martínez comprendió por su mirada que por ahora no le sacaría ninguna otra información.
—¿Puedo hablar con su hermana?
—Ahora no, está sedada.
—Bien, tardaré un rato en realizar mi trabajo, si despierta avíseme.
—Sr. Martínez, Andrés podía ser un imbécil, pero no era ningún valiente.
—¿Qué quiere decir?
—Yo... no creo que se suicidara. ¿Cómo lo hizo?
—Con un cuchillo jamonero.
—¿Un cuchillo?
—¿Por qué le extraña?
—Porque nunca le gustó el jamón, no sabía que en casa hubiera un cuchillo de este tipo —la mujer hizo un levantamiento de hombros y le condujo hasta el piso superior.
La orden establecía que la propietaria podía estar presente durante el registro, pero como ella no había leído la orden para qué informarla. Además, él trabajaba mucho mejor cuando estaba solo y no tenía un  par de ojos fijos en su espalda observando todo lo que hacía.






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