lunes, 22 de mayo de 2017

UN SUEÑO NARCOTIZADO




La casa de las Bellas durmientes es una novela corta del escritor japonés y ganador de un Premio Nobel llamado Yasunari Kawabata. A pesar de su reconocida carrera literaria dentro y fuera de su país. La vida de Kawabata estuvo marcada por la tragedia desde su infancia algo que hizo de él un hombre melancólico y solitario.

La casa de las Bellas durmientes es una novela corta y profunda en la que Kawabata nos narra la historia de Eguchi, un hombre de 67 años que es invitado a una posada donde ancianos adinerados pagan por dormir con bellas, jóvenes y narcotizadas muchachas de las que no saben nada. Eguchi durante esas noches recordará sus vivencias y, sobre todo, su soledad.

Por supuesto la escritura de Kawabata está llena de una delicadeza narrativa oriental y en sus páginas se aprecia una lucha entre la juventud y la decrepitud. El autor realiza unas reflexiones incapaces de dejar indiferente al lector ya que tratan temas como el amor, la muerte, la nostalgia y el inexorable viaje de la vejez. Su marcado erotismo a veces con descripciones precisas induce al lector a una tensión contenida al hablar de una sexualidad perturbadora que Kawabata maneja a la perfección. 

La casa de las Bellas durmientes es una novela que deja un sabor agridulce en la memoria a través de una estética japonesa inolvidable.






jueves, 11 de mayo de 2017

EL MERCADO DE LA SANGRE



     

El sueño de la aldea Ding llegó a mis manos por pura casualidad. Buscaba lecturas orientales y descubrí este libro. Sus páginas están cargadas de un realismo duro, de una situación dramática que solo la pluma de Yan Lianke es capaz de describir con un lirismo único. Basada en hechos reales deja en el lector —al menos así fue en mi caso— la sensación de impotencia y dolor al narrar unos sucesos que desearías hubieran nacido de la imaginación del autor. Al igual que Lianke, quien confiesa que al terminar de escribirla, necesitó dos días para recuperarse de este viaje vital. El lector siente esa misma necesidad de reponerse por este éxodo al infierno en el que nos sumerge el escritor en sus páginas.
     Esta novela desgarradora no solo es un libro cargado de poesía y de imágenes narrativas singulares, sino que es, en realidad, una denuncia social. Y se ha convertido en la voz de todos aquellos que por avaricia, pobreza e ignorancia sufrieron las consecuencias más atroces de una enfermedad como el SIDA.
      El sueño de la aldea Ding es una lectura intimista, adictiva que deja en el lector una muesca difícil de olvidar.

                

miércoles, 1 de febrero de 2017

The Goulden House - Bajo el cielo de Meerut

En este segundo post hablaremos sobre los Fumadores de Opio. En Bajo el cielo de Meerut, Abel Henwick, tío de Vera, es un asiduo cliente del The Goulden House. En la época victoriana, pese a su encorsetada moral, estaba muy extendida la cultura del opio. Numerosos personajes, ficticios y reales, lo consumían de diferentes maneras, considerándose “una droga social”. Pero no tanto los lugares donde se tomaba, ya que en la mayoría de ellos se practicaba la prostitución. Los ingleses como muchos de los europeos vieron en el negocio del opio un beneficio económico que propició las exportaciones y consumo de la droga. Incluso desde China se envió una carta a la reina Victoria contándole los peligros de tal consumo. Los chinos le pedían que cortara dichas producciones y acabase con las exportaciones. No cabe decir que la reina hizo oídos sordos a tal petición ante una cuestión económica que movía cantidades ingentes de dinero. Tan solo ocasionó un enfrentamiento mayor entre ambas naciones y como consecuencia una guerra. De todos modos, el consumo estaba tan aceptado, que incluso en la botica real se suministraba la droga sin ningún tipo de restricción. 

En Inglaterra, los escritores fueron grandes consumidores, muchos en la versión más extendida y medicinal que era el láudano. Se trataba de una tintura alcohólica de opio. Entre sus ingredientes se encontraban, además de dicha sustancia: vino blanco, azafrán, clavo y canela. En su origen se utilizaba para calmar cualquier tipo de dolor. El autor de Sherlock Holmes, sir Conan Doyle narró de forma detallada qué encontrarías en un fumadero de opio en su novela El hombre del labio retorcido. El narrador no es otro que el doctor Watson: «A través de la penumbra se podían distinguir a duras penas numerosos cuerpos, tumbados en posturas extrañas y fantásticas, con los hombros encorvados, las rodillas dobladas, las cabezas echadas hacia atrás y el mentón apuntando hacia arriba; de vez en cuando, un ojo oscuro y sin brillo se fijaba en el recién llegado».

No fue el único escritor del que se cree que tomaba láudano y como resultado de su adición escribiera grandes obras literarias. También se sospecha que el escritor Lewis Carroll, autor de Alicia en el País de las Maravillas pudiera tomar dicha sustancia. El escritor sufría graves dolores de cabeza y para contrarrestarlos quizá bebiese láudano, ya que era un medicamento normalizado en la época y totalmente legal. Si se ingería en grandes dosis causaba efectos psicotrópicos. Algunos estudiosos de la obra de Carroll han sugerido que en algunos pasajes de la misma, el autor hace referencia a posibles sustancias psicodélicas. Así que barajan la posibilidad que el escritor inglés hubiera escrito Alicia bajo los efectos de dichas drogas. Aunque también hay quien sostiene que nada de eso es cierto y que Carroll tenía una prodigiosa imaginación. 

Para la época victoriana el problema no era que producto se consumía, sino cómo se consumía. La toma ingerida de láudano estaba legalmente aceptada, mientras que la forma oriental de fumar el opio se relacionaba con el vicio y la degradación. La primera manera de consumición era propia de las clases burguesas y altas, la segunda, se relacionaba más con las clases pobres y marginadas. Por aquel entonces un consumidor de opio no era considerado peor que un borracho y en contadas ocasiones tenían problemas con la policía.



lunes, 30 de enero de 2017

Bajo el cielo de Meerut

Hace apenas diez días, se publicó mi segunda novela (libro electrónico) Bajo el cielo de Meerut. A lo largo de varios post os contaré algunas de las curiosidades que han dado vida a esta novela.


Una de las cosas que necesitaba y da pie a la primera frase: Vera tenía la esperanza de que tantos escalones disuadieran a su tío de visitarla… Era encontrar una casa victoriana que se adaptara al principio de mi historia. Así que tras varios intentos descubrí en Internet esta fotografía. La imagen de esta casa victoriana creó el primer capítulo de Bajo el cielo de Meerut. Os presento el antiguo hogar de Vera Henwick. Casi puedo verla en la última planta tras el cristal.