miércoles, 18 de diciembre de 2013

El cantar del lobo XVII


Kendrick dejó sobre la mesa la tercera jarra de cerveza. Su tío se moría bajo la atenta mirada y vigilancia de su primo. Aquella agónica espera alteraba el ánimo del joven. Arrow se complacía mientras tanto torturando al lobo de Adele. Aunque no tanto como para no mantenerlo con vida a la espera de que la princesa apareciera. El animal se contentaba con la poca agua y comida que le llevaba. Nunca había odiado tanto a su primo como ahora. Pero, debía vasallaje a la casa Arrow y no deshonraría el nombre de su padre. También, había jurado matar a Adele a un rey moribundo. Aquella promesa le atormentaba. No quería matarla, de hecho, quería evitar que su primo lo hiciera, pero no sabía cómo lograrlo. Un criado interrumpió sus pensamientos.

–Mi señor, el viejo lord Arrow desea veros. –El sirviente esperó a que Kendrick se pusiera en pie y lo condujo a los aposentos de su amo.
De alguna manera el anciano había aprovechado una de las pocas ausencias de su hijo para llamarle. El viejo Arrow mostraba un aspecto cadavérico. Su piel blanquecina se asemejaba a un pergamino arrugado. No se parecía en nada al hombre que él había conocido. Su tío extendió una mano temblorosa y Kendrick se acercó a la cama donde yacía a la espera de la muerte. Con una fuerza que sorprendió al joven le obligó a agacharse para que escuchar sus últimas palabras. La voz de su tío le sonó tan lejana que casi no podía entender qué le decía. Al final comprendió, al igual que el resto de sirvientes que había en la habitación, sus palabras. Todos miraron fijamente al moribundo quién con mano temblorosa firmó el documento que el escribano le extendió. Después, ante el silencio y sorpresa de todos los presentes abandonó este mundo con una rígida sonrisa entre los labios. 
De pronto, todos los allí reunidos se inclinaron ante Kendrick, justo cuando Arrow entraba en la habitación de su padre. El rostro de joven estaba cubierto por una ira tan evidente, que el odio le impedía respirar. 
–¡Larga vida al nuevo lord Arrow! –gritó el escribano. Su primo Arrow se inclinó como el resto de los presentes y juró para sí que Kendrick no viviría mucho para celebrarlo. Luego, sin decir una palabra salió de allí, ahora no era nadie y nadie lo respetaría. Odió a su padre de tal forma que le deseó que se pudriera en lo más profundo del infierno. Aunque aún podía hacer algo al respecto. Se acercó a las caballerizas y montó en su caballo. Su primo se encontraría con una desagradable sorpresa antes que fuera capaz de utilizar el baluarte de Arrow. 
Entretanto, Kendrick necesitó servirse dos nuevas jarras de cerveza para comprender qué había ocurrido. Se había convertido en el nuevo lord Arrow. De la noche a la mañana tendría que tomar decisiones, salvaguardar sus tierras y proteger a sus vasallos. Además, tal y como había sugerido el maestre entre sus nuevas obligaciones era necesario tomar esposas. Todo era tan avasallador, tan abrumador que esa noche pensaba emborracharse. Sabía que era una actitud infantil. Antes se dirigió a las caballerizas donde su primo mantenía prisionero a Sombra.
–No finjas –le dijo con la lengua pastosa gracias a la cerveza que había bebido y seguía bebiendo–, sé que me entiendes. ¡Oh! ¡Si pudieras hablar!
El lobo se incorporó y miró con aquellos ojos ambarinos al joven, aunque el nuevo lord Arrow continuó con su discurso.
–No puedo matarla, lo sabes, ¿verdad? –Kendrick cayó al suelo incapaz de sostenerse y se abrazó al lobo, quién se tumbó a su lado y colocó el hocico sobre la pierna del joven–. Ahora soy lord Arrow, yo, un lord. Además, amigo, debo casarme, ¿has oído tremenda tontería? No me ataré a una mujer, aunque una, tu ama, ella, yo… –El animal alzó el hocico y Kendrick bebió de su jarra–, ¡olvídalo! 
El animal volvió a agachar el hocico y Kendrick terminó su bebida. A la mañana siguiente, uno de los mozos despertó al nuevo lord Arrow con un cubo de agua fría.

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