Ya conocemos el talento del ilustrador Benjamin Lacombe, que unido a la genialidad de la traducción de Julio Cortázar y las historias de Edgar Allan Poe, no pueden dar otro resultado que una obra excepcional. La editorial Edelvives ha recopilado varios de los cuentos de Poe como El gato negro, uno de los mejores cuentos de terror, según numerosos críticos, escritos hasta el momento. Os recomiendo que saboreéis cada palabra con lentitud, pero también mirad las imágenes que subyugan al lector en un mundo irreal y opresivo, mediante una lectura de la categoría del suspense y maquiavélico poder de atracción que evocan las pinceladas negras, grises y rojas de las ilustraciones de Lacombe. Todo ello nos transportará a una eventual situación de pesadilla de la cual difícilmente escaparemos sin por ello pagar el precio de seguir leyendo.
UNA HISTORIA POR CONTAR
- AL FINAL DE LA ESCALERA (13)
- BIBLIOTECA OSCURA (14)
- BOOKTRAILER (1)
- CONCURSOS (1)
- EL CANTAR DEL LOBO (24)
- ENTREVISTAS (2)
- EVENTOS (3)
- LA SERENIDAD DEL BUDA (16)
- NOVELAS PUBLICADAS (3)
- PUBLICACIONES (1)
- RECOMENDACIONES (21)
- RELATOS BLANCOS (18)
- RELATOS NEGROS (21)
- RománticO (7)
viernes, 24 de agosto de 2012
jueves, 23 de agosto de 2012
LA CENA
Hoy es mi último día sobre esta tierra, no espero clemencia, no la merezco. En cambio, deseo revivir otros años en los que aún era inocente. Para ello sólo puedo utilizar la comida, nada entre estas rejas haría que recordara mi vida anterior. El guardia me ha mirado con extrañeza al pedir percebes y gambas, sin embargo, ha guardado un silencio respetuoso y se ha limitado a anotarlo en una pequeña libreta, cómo lo haría un camarero. El sabor de los percebes me llevarían sin error hasta la lucha que manteníamos mi hermano y yo porque las olas no nos arrastrasen hasta al fondo de un mar furioso, cuando a escondidas, nos colgábamos y jugábamos con la muerte para conseguir unos cuantos kilos que venderíamos por cuatro perras. El guardia esperaba con tranquilidad, se le nota que era un hombre sosegado, a que escogiese mi primer plato. Pensé durante un segundo qué había ocurrido en mi vida tan importante como para que un plato me lo recordara. Y, entonces, ella apareció ante mí, no lo dudé, pedí: sashumi de salmón del Bidasoa con ensalada de espárragos de Navarra y un buen vino del Ribera del Duero para acompañarlo. El hombre alzó una ceja y con dificultad anotó el plato en su pequeña libreta. El sashumi me recordaba a ella, delicadas y suaves lonchas colocadas con cuidado sobre un plato, ella también era así, suave en sus formas y delicada con todo lo que la rodeaba. Pero aprecié sin querer el sabor amargo de la ensalada de espárragos, y con ello el recuerdo de su desdén, que borraría gracias a la botella de vino blanco de Ribera que pensaba tomarme hasta el final. El guardia no parecía compartir mis últimos gustos culinarios, así que me miró con interés a la espera de que dijera el plato que había elegido como segundo. Esta vez, el hombre esbozó una ligera sonrisa al anotar: filetes de lubina macerados con limón y ostras, con un buen tinto Rioja Crianza 2007. No sé en realidad el motivo de que escogiera ese plato, quizá por el precio que costaría al erario público aquella lubina con ostras o por darme el gusto de probar las ostras, ya que nunca me atrajeron demasiado gracias a su aspecto viscoso. Sin embargo, fuera cual fuera el motivo, sería mi último capricho en esta tierra. El vino, por el contrario, sería mi regalo para el hombre, que me acompañaría durante toda esa noche en mis angustiosos minutos de espera. Tomaría esa botella de Rioja con el guardia, un tipo silencioso, que se comportaba con discreción y anotaba con calma mi cena. Pensé en el último recuerdo que quería llevarme a la tumba y no lo dudé. Elegí una tabla de quesos asturianos con una botella de champán. Los quesos asturianos eran un recuerdo de mi niñez, los días en el monte, aquellos días lejanos y felices que se fueron entre mis dedos y dejaron sólo las sensaciones de olores y sabores que de nuevo quería sentir. El champán siempre me evocaba mujeres hermosas, sus chisporroteantes burbujas eran tan alegres como el sonido de una risa femenina, su color dorado tan prometedor como el tacto de la piel y su sabor tan embriagador como los labios de una mujer amada. Aquel sería el menú que había escogido para mi última cena. Mi guardia cerró la pequeña libreta y salió de la celda.
martes, 21 de agosto de 2012
LA HERENCIA
El abuelo nos reunió en el comedor a las cinco de la tarde. El calor era insoportable, la ropa se pegaba al cuerpo como una húmeda segunda piel. El abuelo fumaba su pipa y el olor me provocaba recuerdos aún más amargos sobre mi padre. El viejo carraspeó un par de veces para llamar nuestra atención. Mi prima Antonia, una mujer opaca casi sin color, parloteaba sin cesar con mi prima Encarna, que la naturaleza y su actitud por la vida habían envejecido. Encarna asentía con un movimiento continuo de cabeza que me evocó a los muñecos de plástico y articulados que se colocan, en mi opinión con mal gusto, en la guantera de los coches. Por mi parte odiaba ser convocado a esa hora de la tarde sin poder negarme. El abuelo esperó pacientemente a que Antonia se callara y sus ojos la reprendieron, un rojo bermellón ascendió por el cuello de mi prima e invadió su rostro.
—Os he llamado por un motivo –dijo el abuelo, sin mirar a nadie en particular—. Antes de morir deseo repartir entre vosotros varias de mis bienes más preciados.
Esta vez fuimos nosotros quiénes nos miramos ante la sorpresa de sus palabras. Nunca fue un hombre generoso. Sin más preámbulos y con un gesto de la mano silenció la intervención de mi prima Encarna.
—Para Antonia, el collar de perlas de la abuela.
Mi prima abrió su boca y dibujó una “o” perfecta con los labios por la sorpresa y pensé en el desperdicio de esas perlas sobre el cuello de aquella bruja, cuya única ocupación en su vida consistía en criticar a los demás.
—Para Encarna, mi medallón de oro que un día me regaló mi madre –continuó el abuelo.
Desde niño me había gustado esa medalla, representaba a una sirena tallada con una viveza increíble. A veces sin que él se enterara, me la colgaba al cuello y me miraba al espejo, entonces creía ver a esa sirena cobrar vida y pronunciar un sonoro canto embriagador y nostálgico de tierras lejanas.
—Para Eugenio —el abuelo calló durante un segundo y vi en sus ojos una sonrisa maliciosa que no pronosticó nada bueno —. Para Eugenio, el barco en botella que traje de uno de mis viajes.
¡No podía creerlo! El abuelo me dejaba un puñetero barco de cerillas dentro de una botella de ron barato de cristal.
—Abuelo… —quise protestar, pero él me interrumpió.
—Guárdate las gracias, hijo, sé que cada uno de vosotros me recordará por mi generosidad.
¡Maldito viejo del demonio! En ese instante imaginé mil muertes a cuál menos agradable para mi querido abuelo. Si bien, nada podía hacer, al menos por ahora. Agarré mi botella de cristal y el abuelo se levantó de su asiento para dejarnos solos. Mis primas emocionadas no dejaban de engrandecer al abuelo.
—Muy bonita botella, un cristal estupendo –me dijo con sorna Antonia.
—Como tus perlas, quizá no sean tan buenas como crees. Yo si fuera tú tasaría ese collar, puede que te sorprenda su valor y todavía mi bonita botella de cristal sea mucho mejor recuerdo.
Antonia guardó silencio, podía leer cómo su mente trabajaba de manera incansable, por averiguar los motivos del abuelo para dejarle aquel valioso collar de perlas. Regresé a mi casa y coloqué la botella en el suelo, antes me bebí dos cervezas. Observé la botella una y otra vez, me preguntaba por qué el abuelo había repartido aquellas cosas entre nosotros. Una idea atravesó mi mente, una historia que un día escuché a mi padre contar en secreto a mi madre. El abuelo y sus tesoros, el abuelo y sus botellas de cristal…
miércoles, 1 de agosto de 2012
UN ACUERDO ENTRE CABALLEROS
Las manos le dolían de fregar platos. Deseaba llegar a casa, ver a Percey y cenar los restos que habían sobrado de la comida. Estar a su lado era lo mejor y lo peor que la había pasado en la vida. No era estúpida, él había vivido de una manera muy diferente de ella. No sabía qué era el hambre, ni el trabajo duro, ni tampoco pasar necesidades. Su vida había transcurrido entre profesores, la universidad, noches con los amigos, cenas copiosas y bebida en exceso. Pero eso era lo que le había gustado de él, su forma tan distinta de ver la vida.
Harriet se alegró cuando estuvo delante de la puerta de la pequeña casa que su padre le había alquilado. No era gran cosa, pero poco a poco la adecentaría. Percey no la esperaba en el porche fumando uno de sus cigarrillos y rodeado de panfletos revolucionarios que ella no entendía. Entró y la voz de su marido junto a otro hombre se acalló al verla.
—Harriet, querida, me alegra tanto que hoy hayas vuelto más temprano.
Percey se levantó de la silla, la agarró por la cintura y la besó delante del caballero que había sentado en la mesa. No le gustó la forma en que ese hombre, vestido como un noble venido a menos, la miró. Su padre había destrozado mandíbulas por menos.
—Cariño, te presento a Hott, es un amigo de la universidad.
Harriet hizo una pequeña reverencia y Hott se acercó a ella, agarró su mano enrojecida por el jabón y la besó. El beso fue largo y profundo, cualquier esposo, hubiera recelado de su actitud, pero el suyo tenía unas ideas demasiado modernas, casi obscenas en cuanto al amor.
—Señora Percey, llámeme Hott. Su marido me ha hablado mucho de usted y de sus cualidades.
Sus palabras parecían esconder un doble significado.
—Siéntate a nuestro lado –le pidió Persey con una sonrisa.
—Mejor no, los dejaré solos para que puedan hablar de los viejos tiempos.
—Insisto, es importante –Persey la arrastró hasta la mesa.
—Harriet –dijo Hott— Es un nombre muy bonito.
A Harriet le molestó que le tuteara y, más aún, que su marido se lo permitiera. Ella era la hija de un posadero y no una zorra burguesa.
—Gracias –contestó y miró a su marido enfurecida.
—Querida, sabes que compartimos nuestro cuarto en Oxford.
—No sólo el cuarto –añadió Hott.
—Es verdad, lo hemos compartido todo.
—En eso difiero –dijo Hott mirando a Harriet a los ojos—. No todo.
—Pero eso va a cambiar –dijo Percey— ¿Verdad, querida?
Harriet no alcanzaba a entender qué le proponía su marido.
—¿Qué va a cambiar?
Percey carraspeó una vez y luego continuó.
—Nuestra situación. Hott vendrá a vivir con nosotros.
—¿Qué?
—Bueno, al principio, nos costará adaptarnos, pero no sería la primera vez. Haremos turnos y siempre podrás escoger según te apetezca.
Harriet cada vez entendía más o quería comprender menos las palabras de su marido. Su padre le decía que el día que estallara, ni el mismo Dios la detendría y ese día había llegado. No dijo una palabra, sólo abofeteó a Percey y lanzó un derechazo a la mandíbula de Hott, su padre se hubiera sentido orgullosa de ella. Después, se marchó con toda la dignidad de una dama de alcurnia.
Ambos hombres se masajearon los rostros. Hott fue el primero en hablar:
—Me dijiste que era algo salvaje. Pero no creí que lo fuera tanto.
—Ni yo tampoco Hott. Te aseguro que yo tampoco.
sábado, 7 de julio de 2012
¿QUIÉN HA DICHO MIEDO?
El libro de Henry James, titulado Otra vuelta de tuerca, es la historia de una joven institutriz al cuidado de dos niños en una austera casa victoriana. La muerte de su anterior institutriz, junto a un criado y tío de los niños, ha dejado una profunda huella en ellos. La protagonista de la historia, la nueva institutriz, al intentar ayudarlos sufrirá la presencia del fantasma de la anterior institutriz muerta en extrañas circunstancias y de su amante.
Esta novela presenta una voz narrativa en primera persona, lo que supuso en su momento un antes y un después en las novelas de este género. El utilizar esta voz y un solo punto de vista (el de la institutriz) nos hace dudar sobre sí las distintas apariciones y fenómenos extraños ocurren de verdad o por el contrario son imaginaciones de la protagonista. El papel de los niños es fundamental para crear está doble interpretación y las posibles lecturas que podéis hacer sobre esta novela.
De todos modos para aquellos que prefieran ver una película de suspense os dejo el tráiler de Otra vuelta de tuerca:
martes, 22 de mayo de 2012
DIME DE QUÉ PRESUMES...
El Monje es una de las novelas del escritor inglés Matthew Gregory Lewis. Sorprende que la escribiera antes de cumplir los veinte años y sólo en diez semanas. Esta novela es una de las primeras novelas que realmente pueden encuadrarse dentro de lo que hoy llamamos literatura gótica. Es una novela trasgresora, anticatólica y escabrosa, sobre todo dado que fue escrita en 1796. En ella encontramos posesiones demoníacas, violaciones, asesinatos, incestos, fantasmas y la Inquisición española. El principal protagonista es Ambrosio abandonado en su nacimiento a las puertas de un monasterio de los Capuchinos no ha conocido otra vida que no sea dentro de los muros del convento. Su comportamiento ejemplar, autoritario y nada misericordioso con las debilidades de los demás le ha conducido a ser el abad y por lo tanto protegido de las tentaciones y del pecado. Poco a poco dicho monje pasará de ser un modelo de virtud a convertirse en un depravado y asesino que terminará condenado como hereje por un tribunal de la Inquisición. Junto a él existen varias historias paralelas igual de interesantes y muy bien enlazadas con la trama principal.
De todos modos para aquellos que prefieran ver la película, aquí tenéis un enlace:
lunes, 14 de mayo de 2012
¿De verdad quieres mantequilla en las tostadas?
La editorial Sins entido ha publicado en esta ocasión la novela gráfica: Veneno de la ilustradora Bárbara Yelin, ilustradora alemana, junto al guionista Peer Meter. En ella se cuenta la historia de Gesche Margarethe Gottfried, conocida como El ángel de la muerte de Bremen. Una famosa asesina en serie que mató a más de quince personas durante 1813 a 1827, casi todos familiares y utilizando arsénico de una manera cruel, untaba en tostadas la mantequilla envenenada sin ningún tipo de remordimiento. Las ilustraciones de Yelin son de una sencillez aterradora y cargada de tensión, cuyo máximo exponente a resaltar es la propia portada de la novela. Sus trazos a lápiz son capaces de trasladarnos a la época y proceder de una asesina de forma inmediata y directa.
Para aquellos que quieran ver una estupenda serie, sobre un caso de envenenamiento, les dejo este enlace:
viernes, 11 de mayo de 2012
EL MODERNO PROMETEO
Mary Wollstonecraft Godwin conocida como Mary Shelley, fue una escritora británica reconocida por su novela gótica Frankenstein. En 1816 Mary en compañía de su esposo y su hermana planearon pasar el verano junto a Lord Byron y su secretario el doctor Polidory y alquilaron la villa Diodati cerca del lago de Ginebra en Cologny. Todos ellos pasaron el verano escribiendo, navegando en el lago y conversando hasta altas horas de la madrugada. Debido al mal tiempo tuvieron que permanecer muchos días encerrados y durante esos días a parte de la conversación sobre diferentes temas leían cuentos de fantasmas. Las conversaciones y la lectura llevaron a Byron a proponer que cada uno de ellos escribiese su propia historia sobrenatural. Esa noche todos se marcharon aceptando la propuesta de Byron y Mary tuvo un sueño. Dicho sueño era la visión de Frankenstein. Según sus propias palabras que escribió como introducción a la novela de la versión de 1831, explicó:
Vi, con los ojos cerrados pero con una nítida imagen mental, al pálido estudiante de artes impías, de rodillas junto al objeto que había armado. Vi al horrible fantasma de un hombre extendido y que luego, tras la obra de algún motor poderoso, éste cobraba vida, y se ponía de pie con un movimiento tenso y poco natural. Debía ser terrible; dado que sería inmensamente espantoso el efecto de cualquier esfuerzo humano para simular el extraordinario mecanismo del Creador del mundo.
Para los amantes del viejo cine y las buenas historias de terror os dejo el siguiente enlace:
martes, 8 de mayo de 2012
El tipo del psiquiátrico VII
Martínez lanzó sobre su mesa las fotografías del caso del psiquiátrico cuando el teléfono de su mesa sonó.
—Soy yo —dijo una voz al otro lado imposible de no reconocer.
Muchas habían sido las bromas sobre la voz de dibujos animados que tenía el forense. Un tipo profesional y meticuloso, pero con una voz ridícula.
—¿Qué has averiguado? —preguntó Martínez y al igual que el forense omitió ningún otro comentario.
—El hombre se ha quitado la vida. Puedes cerrar el caso como suicidio.
—¿Estás seguro?
—No hay dudas sobre la causa de la muerte.
El forense colgó de la misma manera que había llamado, sin utilizar una palabra innecesaria en su conversación. Martínez aún con el auricular en la mano observó de nuevo la fotografía que había encontrado en la habitación del muerto y la mujer lo retaba con su mirada. La curiosidad le empujaba a descubrir la identidad de esa mujer, encendió un cigarrillo y pensó en el caso, en cómo se había resuelto, sin trabajo ni complicaciones, sin embargo, algo no encajaba, pero, “¡Joder! El tipo se había rebanado el cuello”. Así que por qué no lo cerraba y se marchaba a casa. Antes averiguaría quién era la mujer de esa fotografía. Condujo hasta la urbanización dónde vivía la viuda con la esperanza de encontrar otra vez a la pelirroja. Cómo la vez anterior, Mara abrió la puerta y se hizo a un lado para dejarle pasar. Su perfume llegó hasta la nariz del inspector. Mara extendió la mano para saludarle y él la sujetó entre las suyas más de lo necesario, aunque ella no la retiró.
—Quisiera hablar con su hermana.
—Aún está muy afectada. ¿No podría ser en otro momento?
Mara se frotó las manos de una manera nerviosa y clavó sus ojos en el inspector con una súplica silenciosa. Martínez casi se dejó convencer por ella, pero no era nuevo en estos menesteres y la pelirroja ocultaba algo que quería impedir que él descubriera.
—Lo siento, pero necesito hablar con ella. Le aseguro que seré breve.
La viuda, al contrario que su hermana, era morena, unos años más mayor y llevaba el pelo recogido en un estirado moño.
—Señora, siento lo ocurrido, pero si se encuentra con fuerzas me gustaría hacerle unas preguntas sobre su marido.
La viuda asintió sin dejar de enjuagarse las lágrimas con un pañuelo.
—¿Conocía a esta mujer? —preguntó el inspector a la vez que le enseñaba la fotografía.
—No —contestó y a diferencia de su hermana parecía decir la verdad—. ¿Quién es?
—Eso intento averiguar.
—¿Qué tiene que ver con mi marido?
—Todavía no lo sé, la encontré entre sus pertenencias.
La mujer me miró sorprendida, no entendía nada de lo que había pasado, la muerte de su marido había sido inesperada y de la forma en que sucedió todavía la sorprendió mucho más, y ahora, aquel policía le decía que su marido guardaba celosamente la fotografía de aquella mujer. Se preguntaba si su marido escondía algún otro secreto que ella ignorase.
lunes, 7 de mayo de 2012
¿Ahora qué?
Había cumplido su sueño, aunque se preguntaba: Ahora qué.
Había luchado por llegar, abandonó muchas cosas en el camino, sufrió la incomprensión, la crítica más injusta, las lágrimas más ácidas y después de todo, no encontraba una respuesta a esa pregunta. Las palabras le sonaban áridas y amargas. Pero la cuestión no dejaba de atormentarla, se colocó ante el espejo y le gritó enfadada a su imagen: ¿Ahora qué?
Durante un instante no ocurrió nada, luego su reflejo sonrió y le dijo:
—Ahora, sé feliz.
sábado, 5 de mayo de 2012
Sherlock Holmes y la lata de té
Watson no soportaba el sonido del violín cuando Holmes estaba aburrido. Ambos necesitaban un caso, pero Sherlock más que él o pronto el Stradivarius quedaría destrozado. Watson dejó el libro sobre la mesa al oír el timbre de la puerta. El violín también detuvo su lastimera melodía.
—Un tipo grande y al menos calza un cuarenta y seis o no rozaría la alfombra al subir por las escaleras —dijo Holmes.
Watson estaba acostumbrado a sus deducciones así que no se sorprendió aunque como siempre llevaba razón. Un hombre grande, de aspecto bonachón que no hacía mucho había estado en las colonias por su tez morena, entró fatigado por el ascenso hasta la primera planta.
—¿Sr. Holmes? —preguntó sin saber quiénes de los dos era el famoso detective.
—Yo soy Holmes —dijo Sherlock y se sentó en uno de los sofás sin extender la mano— Él es el doctor Watson. ¿Y usted?
El hombre pareció ofendido por la falta de amabilidad, pero guardó silencio y se sentó donde Watson le indicó.
—Me llamo Robert Doyle —el hombre parecía indeciso y agarró su sombrero con fuerza.
—¿En qué podemos ayudarle? —intervino Watson ya que Holmes no estaba dispuesto a colaborar en esta ocasión.
—Bien —dijo—. No sé por dónde empezar.
—Quizá por el principio sería lo más conveniente —puntualizó Holmes y el rostro de Doyle se enrojeció aún más.
—Hace algunos años viajé a las colonias, durante mucho tiempo quise hacer ese viaje y un día decidí hacerlo. Vendí todo lo que tenía y alquilé a muy bajo precio mi casa a un pariente, un primo lejano, él viviría en ella hasta que regresara. Sin embargo, poseía una lata de té, para mí era mucho más que té, dentro había una perla. Por miedo a que me la robaran en el viaje se la entregué a un amigo o al menos eso creía hasta que al volver le pedí mi lata de té. Él me la devolvió, pero al abrirla descubrí que la perla ya no estaba. Aunque el precinto permanecía intacto.
—¿Cómo sabe qué no era su lata de té? —preguntó Watson.
—Watson deje que el Sr.Doyle termine con su relato —intervino Holmes.
Watson asintió y Doyle continuó.
—No pude demostrar que esa no era mi lata y por supuesto que me había robado la perla. Incluso el magistrado que llevó mi caso parecía no creerme ya que no contaba con ningún testigo a mi favor.
Holmes se puso de pie y paseó en silencio unos instantes en la habitación, mientras el doctor y el Sr.Doyle lo miraban sin pronunciar una palabra.
—Bien, aceptamos su caso —dijo Holmes.
Cuando Doyle se marchó Sherlock se dirigió a su habitación. Watson sabía que algo tramaba, una hora más tarde Holmes salió del dormitorio disfrazado de párroco y se dirigió a casa del vecino. Recorrió las calles y antes de llegar, conversó de la suerte del Sr. Doyle con unas feligresas a la puerta de la iglesia. Las mujeres decían que el magistrado era demasiado tonto, con hacer un buen té averiguaría que ese no podía ser el té del Sr.Doyle. Cualquier inglés que se preciara de serlo sabría que eso era imposible. Sherlock regresó a su casa y condujo a la policía hasta el vecino que había timado al Sr.Doyle. Un té no duraba tanto tiempo en buen estado, así que eso demostraba que había robado y cambiado el contenido de la lata. Al final, el vecino confesó su robo y fue obligado a que le devolviera la perla y pagara una multa, además de ser encarcelado. A partir de entonces el magistrado sería llamado "The tea" mote que nunca terminó gustándole y Holmes resolvió el caso más simple y fácil de toda su carrera, aunque aún no ha averiguado que tipo de té contenía la lata del Sr.Doyle.
viernes, 4 de mayo de 2012
LAS PIADOSAS
“Las nubes eran catedrales negras, altas y góticas que de un momento a otro habrían de derrumbarse sobre Ginebra. Más allá, al otro lado de los Alpes de Saboya, la tormenta anunciaba su ferocidad dando azotes de viento que enfurecían al apacible lago Leman”.
De esta forma, comienza el libro de Federico Andahazi, escritor argentino y finalista del Premio Planeta en el año 1996, llamado Las piadosas. En él, Andahazi nos introduce en el verano de 1816 en la Villa Diodati junto a una serie de personajes tan célebres como lord Byron, Percy y Mary Shelley, Claire Clairmont y el Dr. Polidori, auténtico protagonista de este libro. Polidori será el depositario a través de unas cartas de un terrible secreto, un secreto que terminará por engendrar uno de los mejores relatos de terror y acabará con su cordura. Andahazi es capaz de sumergirnos en una atmósfera sexual y erótica perturbadora a la vez que nos descubre con su prosa una intriga y moderna novela gótica.
Para aquellos interesados en este escritor os dejo un enlace de una de sus entrevistas.
jueves, 3 de mayo de 2012
EL TIPO DEL PSIQUIÁTRICO VI
Los suicidas siempre escondían notas en los cajones, debajo de las almohadas y en el fondo del armario, Martínez empezaría por ahí. Aunque en esta ocasión había perdido casi toda la tarde y no había encontrado nada, sin embargo, el destino o la suerte siempre jugaban a su manera, y esta vez le permitieron ganar. Se sentó en la butaca que estaba al lado de la ventana, desde allí observaba el resto de la urbanización. Una vecina sacó la basura escoltada por un pequeño y molesto perro pekinés, un crío en bicicleta se entretenía en lanzar chapas a diestro y siniestro mientras recorría la calle a toda velocidad. Martínez miró a su alrededor y descubrió que Andrés poseía una buena colección de revistas sobre automovilismo, así que decidió echar un vistazo a algunas mientras fumaba el último cigarrillo de la tarde. El médico le había dicho un par de veces que lo dejara, pero “¡qué cabrón! Él era médico y fumaba tres cajetillas, una y media más que él”. Necesitaba relajarse antes de enfrentarse con la viuda o peor aún con la hermana. La pelirroja le había gustado para qué negarlo, hacía más de dos meses que no salía con ninguna mujer. No podía involucrarse con nadie de ese caso. Para olvidar a la pelirroja abrió una revista, en su interior encontró una fotografía, al principio parecía antigua, quizás de los años cincuenta. La mujer de la fotografía era rubia, tendría unos veinte o veintidós años, era guapa y aparecía con una sonrisa enigmática que la cámara había atrapado para siempre.
El detective dejó la habitación y con la fotografía en la mano se dirigió al comedor.
—¿Ha encontrado algo?—le preguntó la pelirroja que le esperaba al final de la escalera fumando un cigarrillo.
—Esta fotografía —el olor a violetas inundó la nariz de Martínez—. ¿Sabe quién puede ser?
La mujer mostró en sus labios una rigidez casi invisible que no pasó inadvertida para el inspector.
—No la conozco de nada —aseguró y desvió los ojos del policía.
—¿Su hermana ha despertado? —preguntó Martínez y tuvo la corazonada de que la mujer con olor a violetas quería impedir que hablara con la viuda.
—No, aún no. El médico nos ha dicho que dormirá durante varias horas.
—Cuando despierte me gustaría hablar con ella.
—Por supuesto, yo se lo diré.
—De todos modos, aquí tiene mi tarjeta.
—Muchas gracias.
—Es mi trabajo —contestó el detective.
Martínez advirtió cómo la mujer parecía aliviada cuando se encaminó a la puerta. Sin embargo, él no pudo resistir preguntarle.
—No me ha dicho su nombre —Martínez esperó su respuesta.
Ella dudó unos segundos antes de contestar.
—Mara.
Martínez salió de aquella casa y de esa urbanización con una sonrisa entre dientes. La pelirroja se llamaba Mara, pensó que era un buen nombre para una pelirroja con olor a violetas.
miércoles, 2 de mayo de 2012
EL MONJE Y LA HIJA DEL VERDUGO
La editorial Libros del Zorro Rojo ha publicado una novela de Ambros Bierce titulada El monje y la hija del verdugo. Ambrose Bierce era un escritor y periodista estadounidense que la crítica, en la mayoría de los casos, sitúa en igualdad de genialidad con Poe, Lovecraft o Maupassant en el terreno de lo terrorífico. Aunque la novela narra la trágica historia de amor entre un monje franciscano y la hija de un verdugo hay que señalar en esta publicación las espléndidas ilustraciones de Santiago Caruso. Este joven ilustrador argentino sorprende por sus personajes de pesadilla, sus pinceladas oscuras que evocan al período más negro de Goya y, en definitiva a la recreación de unas ilusiones tenebrosas, que se fijan de una manera inolvidable en nuestra mente de lector.
Para aquellos interesados en admirar el trabajo de este prometedor ilustrador os dejo su página web:
martes, 1 de mayo de 2012
EL SECRETO DE LUCÍA MORKE
El secreto de Lucía Morke es una novela de la autora Inés Macpherson Monegal. Licenciada en filosofía, Macpherson ha escrito numerosos cuentos y relatos. El secreto de Lucía Morke es un romance juvenil dónde todo gira en torno a las leyendas urbanas. Publicada por la editorial La Galera esta novela narra la historia de una chica llamada Lucía que dedica parte de su tiempo a leer novelas góticas a su vecino ciego. Un día mientras busca en su dormitorio algún libro para leer a Roderick encontrará una carta de un amigo del instituto llamado Hugo que desapareció sin ninguna explicación. Hugo al igual que ella es un apasionado de las novelas de terror, pero también de la investigación de las historias sobre casas abandonadas, fantasmas y todo el glosario típico de personajes de terror. Lucía tras encontrar la carta y animada por Roderick, su vecino ciego, iniciará una investigación para encontrar a Hugo. Sus averiguaciones le llevarán a dar con él y a revivir unos sentimientos que se vieron interrumpidos por su marcha. Hugo vive con su tío, un estudioso de leyendas urbanas, cuyos descubrimientos publica en un blog. Un fin de semana Hugo invitará a Lucía a acompañarles a una de sus investigaciones en un hotel llamado Hotel Limbo. Lucía aceptará ya que ese fin de semana sus padres no estarán en casa y entonces comenzará un viaje al infierno. Un viaje en el que no deja de recordar las palabras de Roderick: "Lucía, algunos monstruos que habitan nuestro mundo son bastante más reales que los fantasmas. Y mucho más peligrosos".
Os dejo un enlace en el que veréis que a veces las leyendas superan a la realidad. Cuidado con quién recogéis en la carretera.
jueves, 26 de abril de 2012
CUIDADO CON LO QUE SE DESEA...
El retrato de Dorian Gray es una novela del escritor Oscar Wilde. Esta novela es una de las últimas dentro del género de novela gótica. Wilde fue un escritor inglés partidario de la filosofía del esteticismo. Este movimiento artístico se basa en que el arte está al servicio exclusivo de la belleza y también estará por encima de lo moral y de cualquier tema social. La novela mezcla fantasía y realidad, en ella se cuenta la historia de Dorian Gray un hombre atractivo y con éxito. Cuando Basil Hallward, pintor y gran amigo de Dorian, lo retrata en un magnífico cuadro, Gray realizará un deseo: mantenerse siempre joven. Dicho deseo se hará realidad y le conducirá a actos odiosos y ruines. Su retrato será la conciencia de Dorian, él se mantiene joven sin apreciar el paso del tiempo, mientras su retrato envejece y se desfigura con cada pecado que comete. Wilde en esta novela dibuja con precisión la sociedad de su época, pero el carácter afeminado del protagonista le condujo a una serie de juicios acusado de homosexualidad, en aquel momento penado por la ley. El retrato de Dorian Gray es una novela ingeniosa y fascinante, de todos modos os dejo el enlace de la película en su versión más antigua.
lunes, 23 de abril de 2012
El tipo del psiquiátrico V
Martínez no se molestó en explicarle su contenido y pasó con rapidez a realizar su trabajo.
Antes de empezar, quiero hacerle unas preguntas.
— ¿Qué quiere saber? —preguntó la pelirroja y encendió un cigarrillo.
—¿Su cuñado estaba triste o deprimido últimamente?
Ella contestó negativamente con un gesto de la cabeza, durante un instante dudó y al final añadió:
—Tarde o temprano averiguará que nos llevábamos mal y no sé sí tenía depresión.
—¿Qué diferencias tenían?
—¡Diferencias! —exclamó y apagó con rabia su cigarrillo en un cenicero de metal— ¡No me joda! Con él no había diferencias solo es que no congeniábamos. Era un cobarde, no sabía vivir.
—¿Y eso en que le afectaba?
—A mí, en nada —guardó silencio y no dijo nada más.
Martínez comprendió por su mirada que por ahora no le sacaría ninguna otra información.
—¿Puedo hablar con su hermana?
—Ahora no, está sedada.
—Bien, tardaré un rato en realizar mi trabajo, si despierta avíseme.
—Sr. Martínez, Andrés podía ser un imbécil, pero no era ningún valiente.
—¿Qué quiere decir?
—Yo... no creo que se suicidara. ¿Cómo lo hizo?
—Con un cuchillo jamonero.
—¿Un cuchillo?
—¿Por qué le extraña?
—Porque nunca le gustó el jamón, no sabía que en casa hubiera un cuchillo de este tipo —la mujer hizo un levantamiento de hombros y le condujo hasta el piso superior.
La orden establecía que la propietaria podía estar presente durante el registro, pero como ella no había leído la orden para qué informarla. Además, él trabajaba mucho mejor cuando estaba solo y no tenía un par de ojos fijos en su espalda observando todo lo que hacía.
lunes, 26 de marzo de 2012
INTEGRAL FAVOLE
La editorial Norma nos presenta este fabuloso libro ilustrado de la artista Victoria Francés, sus imágenes evocadoras de un claro estilo gótico y victoriano transporta nuestra imaginación a otra época y lugares muy diferentes. La sensibilidad de la autora es mejorada por su calidad artística y nunca unas ilustraciones fueron tan reales. La editorial también cuenta con otros muchos títulos de Victoria Francés y de otros autores dentro de una colección titulada Eclipse. Os dejo la página de esta editorial especializada en ilustraciones y cómics, entrar en ella cuando el sol de paso al ocaso.
domingo, 25 de marzo de 2012
UNA DE FANTASMAS
Joseph Thomas Sheridan Le Fanu fue un escritor irlandés de cuentos y novelas de misterio. Destaca por sus historias de fantasmas donde no siempre el final tiene una explicación sencilla de los fenómenos sobrenaturales que narra en sus novelas. Su especialidad como escritor residía en su capacidad para crear atmósferas y ambientes sugerentes capaces de producir más de un susto al lector. Una de sus novelas más conocidas es Carmilla dentro de una colección llamada En un vidrio misterioso. Carmilla narra la historia de una joven llamada Laura que vive con su padre y unos criados en un castillo de Austria. Laura recuerda que de niña despertó en brazos de otra joven y sentir unas agujas en el cuello. Si bien, al despertar estaba sola, sin embargo, un día delante del castillo un carruaje sufrirá un accidente, en él viajan una dama y su hija, las dos permanecerán en el castillo hasta que de nuevo puedan emprender su partida. Ambas jóvenes iniciaran una amistad a pesar del comportamiento extraño de su invitada. Varios son los temas que se tratan en esta novela, pero Sheridan se atrevió incluso con un contenido erótico de tendencia lésbica entre las dos jóvenes, algo tabú para la época. Os dejo el siguiente tráiler del director Tim Burton para ver una película o si preferís leer una buena historia para una noche de tormenta.
sábado, 17 de marzo de 2012
EL TIPO DEL PSIQUIÁTRICO IV
A las cinco de la tarde, Martínez se encontraba delante de una puerta blanca con pomos relucientes y llamaba al timbre. El policía echó un vistazo a su alrededor y por lo que vio, dedujo que el suicida no vivía nada mal. La casa estaba construida en un barrio residencial y disponía de un jardín. Martínez pensó que él no tenía muy buena mano con las plantas, pero hubiera disfrutado sembrando alguna verdura en aquel terreno, también observó que había varios juguetes desparramados por el porche. Pulsó el timbre dos veces antes de que una mujer abriera la puerta, parecía demasiado calmada para ser la esposa. Rondaría los cuarenta y poseía una larga melena roja que caía sobre sus hombros en un descuido intencionado. Martínez enseñó su placa y ella lo dejó entrar sin hacer preguntas, luego cerró la puerta y le dijo:
—Le estábamos esperando –ella se frotó las manos en un gesto nervioso antes de añadir—: Nos han avisado desde comisaría que esta tarde vendría.
—¿Usted es? –preguntó Martínez y alzó una ceja de manera inquisitiva.
—Soy Mara, la cuñada del fallecido.
Martínez disponía de las tablas suficientes para detectar que a la mujer su cuñado no le caía demasiado bien, así que se ahorró las palabras de condolencia.
—Bien, si no le importa señorita Mara empezaré por la habitación de su cuñado –el policía sacó de su traje un papel—. Aquí tiene la orden de registro.
La pelirroja ni siquiera la leyó.
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